miércoles, 25 de noviembre de 2015

Venta de leña granada

Y me dices que me quieres mucho y que quieres volver conmigo. Me dices que te parezco una chica guapísima y que cada vez que me miras piensas “quiero estar con ella”, que soy esa chica en la que te fijarías en un bar y a la que tratarías de ligarte para estar con ella. También me dices que además te gusta mucho como soy, que no es sólo el físico, que eso es sólo una pequeña parte.

Sé todas las cosas que me estás diciendo, pero no puedo evitar Venta de leña granada porqué no me las decías antes tanto como me las dices ahora.

Poco antes de que tú dejases de llorar había empezado a hacerlo yo. Empiezas a decirme que nunca más volverás a leer mi blog y sé que es verdad. Te hace tanto daño leer ciertas cosas que prefieres no leer absolutamente nada, ni lo bueno ni lo malo. Te recrimino no querer saber la verdad, te recrimino el querer cerrar los ojos a una parte importante de mí y luego me siento absolutamente idiota porque comprendo que no tiene nada de malo apartarse de lo que hace daño. Es lo normal, apartarse de lo que duele antes de terminar odiándolo por leer mas.

Me pides que te ayude, que te diga que hacer y yo no soy capaz a decirte que te alejes de mí porque yo no quiero que lo hagas. Aunque probablemente sea lo que debieras hacer. Sólo hay dos opciones: alejarte y no saber nada de mí o seguir así. ¿De verdad que no ves por ti mismo la respuesta? ¿De verdad que no sabes que es lo que te conviene? Yo lo veo meridiano pero si esperas que yo te diga “Diego aléjate de mi”, siéntate y espera porque hoy por hoy soy tan egoísta que no voy a decírtelo.

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