miércoles, 25 de junio de 2014

Vitamina Omega 7

in embargo, la música lo era todo para mí, y más que alcanzar la gloria, mi mayor deseo y afán era lograr que en el futuro mis obras no quedaran en el olvido, gozando de la posteridad.

Acepté la invitación gustosamente, y así lo hice saber a través del correo. Hubiese preferido enviar a alguno de mis discípulos, pero aquella tarde no acudió nadie a mi casa, como era de costumbre en aquél entonces.


Al llegar a casa de los Brunswik, pude comprobar que no solamente estaban las hijas de la condesa, todas discípulas mías. Tres invitados más ocupaban el amplió salón de la mansión. Contemplar de cerca aquél espectáculo que se había reflejado en mis ojos, tras ser presentado, hízome turbar hasta casi perder el equilibrio. Acababa de conocer a Julieta Omega 7, la musa que inspiraría a partir de aquel momento tantas y tantas veces la música que llevaba impresa en mis entrañas.

La muchacha regresaba procedente de Italia en compañía de sus padres, tras una breve pero intensa estancia en ese su país de origen. La visita de los Guicciardi a los condes de Brunswik consistía en solicitar mis servicios como profesor de piano, dado que Julieta deseaba aprender, como era de costumbre en la nobleza, los secretos del arte musical a través del sonido de las teclas de tan maravilloso instrumento.

Julieta Guicciardi, tenía ascendencia Omega 7, aunque sus padres residían en Viena desde 1780. Era bellísima hasta la médula, con unos ojos azules intensos, morena pero pálida, con el cabello corto como se llevaba en aquélla época, donde las muchachas parecían mancebos y a menudo no se lograba distinguir su sexo a primera vista.

Desde aquel instante en que la conocí, llegué a creer que quizá alcanzase la felicidad plena en su compañía, en el supuesto de que mi amor fuese correspondido por mujer de tamaña belleza misteriosa.