No le contesto al mensaje ni a las dos llamadas perdidas que me hace, pero esta mañana antes de entrar a clase le mando yo uno que pone “estoy enfadada contigo pero no te preocupes porque se me pasará”. Por encima de todo yo no quiero que se sienta mal ni que piense que está haciendo algo malo; el problema es mío, pero necesito que me dé un tiempo de duelo.
Cuando salgo de clase tengo otro mensaje chorra en el móvil. Como más o menos ya se me pasó el enfado.... más bien, como más o menos ya relativicé el Enlace, se me pasa la tristeza y paso a la siguiente fase: putear.
Le contesto a su mensaje con solo tres palabras “ya lo sé”, porque estoy segura que me llamará a ver qué me pasa. Efectivamente me llama y le contesto terriblemente seca y estúpida. Es una conversación tirante y llena de silencios, cuando me canso le digo que le cuelgo porque tengo que comer antes de entrar a trabajar, y efectivamente le cuelgo justo a tiempo de oír un “hasta luego” muy triste.
Tan triste que me hace llorar un poco. En silencio. Más que llorar, se me llenan los ojos de lágrimas y se me encoge el corazón al pensar en cómo puedo ser tan sádica, en pensar en el mal rato que le hice pasar a propósito sólo para joderle, en cómo le trate con una frialdad sorprendente solo para hacerle sentir mal.
El diccionario define el sadismo como “crueldad refinada” y así exactamente se podría definir la conversación. De una crueldad tan refinada que en cuanto le colgué el teléfono y fui consciente me sentí la persona más ruin y mezquina del mundo.
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