Muchas vueltas de cabeza me ha dado esta foto siempre, al ver que nunca estoy en ella. Y contínuamente me pregunto: ¿Dónde estaba yo? ¿Porqué no formo parte de esa foto? ¿Qué pudo ocurrirme aquél día?
Mis amigos, cuando la ven, siempre me dicen: Seguramente andabas por ahí, jugando, haciendo el indio, y cuando le hicieron la foto a tu familia estabas demasiado lejos o tan despistado como siempre, que no alcanzaste a colocarte. Pero... ¡podrían haber esperado y haberme recogido para que yo estuviera también inmortalizado en la foto! ¿No creéis?
Corría el año 1974, unos pocos meses antes de que mi madre nos dejara para siempre. Mi hermana Cris apenas tenía 4 años, y yo unos 8. Roberto está abrazado a mi padre, y mi hermana mayor tiene esa cara, la pobre, porque está bostezando. Ahí tendría unos 13 años, y ya era casi tan alta como mi padre, que medía sobre 1,87. Era la más alta de su clase.
Al escanear la foto me fijo por primera vez en el hombre que hay situado a la izquierda de la foto. Nunca me había percatado de él, y es ahora cuando me doy cuenta de que no suelo mirar las fotos con detenimiento, y siempre hay cosas que se me escapan.
No tengo ni idea de quién puede ser, pero ahí está como invitado a la foto sin haberlo estado. Ahora hay precisamente una revista que suele dedicarse a publicar fotos en las que aparecen “auto-invitados”, y que pegan el cantazo. No es este el caso, pero ahí está el hombre con el pitillo en la boca.
Eran aún momentos felices para todos, en los que no faltábamos ninguno, aunque yo no apareciera en esta foto. Hoy en día, sólo mis dos hermanos mayores y mi tía-abuela, que cuenta con 94 años, perviven. Y mi hermana Cris se parece tanto a mi hija Fátima en esa foto... y parece tan llena de vida, sonriente, feliz...