Me despierta mi tía por teléfono para decirme qué murió no sé quién y que nos dejan a mi primo de seis años un par de días. Genial, un pequeño salvaje en casa veinticuatro horas al día durante dos días. No se me ocurre mejor manera de empezar el año (hay que leer esto con toda la ironía del mundo)
Después de muchas vueltas vuelvo a dormirme hasta que el teléfono vuelve a sonar. Mi hermana que dice que está en casa de una amiga. Quizás un sábado a las tantas de la mañana nadie sepa donde está y todos estén preocupados, pero eso sí, un sábado por la tarde considera de vital importancia llamar para decir dónde web.
La tercera vez que suena el teléfono lo cojo de tan mala hostia que sé que ya no voy a poder volver a dormir.
Me despierta Diego de la siesta para hablar un rato y comentar la fiesta de ayer. Criticamos un poco a los conocidos que vimos y a la fiesta en general. Colgamos quedando en vernos un día de la próxima semana para ir a comer y le recordé que le debía una cena por mi cumpleaños en algún sitio chulo.
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